El Último Heroe Del Titanic

Al final, tan solo había dos clases de pasajeros

Acto seguido al hundimiento del Titanic, la oficina del White Star en Liverpool, Inglaterra, colocó dos grandes carteles a ambos lados de la entrada principal, los cuales tenían una lista de nombres.  En uno estaba escrito un título con letras grandes: SE HA SALVADO, y en el otro; SE HA PERDIDO.  Cuando el Titanic comenzó su travesía había tres tipos de pasajeros.  Pero cuando llegó a su fin tan sólo habían dos (aquellos que fueron “salvos” por medio de los botes salvavidas, y aquellos que quedaron “perdidos” en las profundas aguas.

Los familiares y amigos de los pasajeros del transatlántico esperaban afuera de la White Star Office.  Cuando llegaban noticias a la oficina acerca de un pasajero, imprimían su nombre en una tarjeta.  Luego un empleado llevaba el nombre hacia la puerta. Mientras el empleado se aproximaba con la tarjeta hacia la puerta un silencio mortal se apoderaba de la multitud para ver con ansiedad en qué lista sería colocado el nombre.

John Harper se sumergió hacia la muerte con un piadoso abandono de todo lo que poseía, sabiendo que figuraría entre los pasajeros perdidos.  Sin embargo, él tenía la absoluta confianza de que su nombre estaría en la lista de los “salvos” delante del Trono de Dios.  Lord Mercer expresó en forma exacta la actitud de John Harper frente a la muerte: En tan solo una noche, entre el atardecer y el amanecer, durante unas pocas horas de descuido por parte de muchos inconcientes adormecidos, se fueron de este mundo cientos de vidas, algunos eran ricos, con futuros prometedores y vidas felices por delante, llevándose con ellos todos los anhelos de sus corazones.  Pero la constancia y el valor cristiano, la absoluta autonegación y el firme heroísmo con el que muchos enfrentaron la hora final, nos ayuda a darnos cuenta que la muerte no es el fin de todas las cosas, y que esta vida no es más que la entrada a la vida verdadera, el portal hacia la eternidad.

El último convertido de John Harper

Dos horas y cuarenta minutos después de que el Titanic chocara contra el iceberg, se hundió finalmente en las congeladas aguas.  Cientos de personas se amontonaron en los botes salvavidas, las balsas y otras piezas de madera que pudieran proveer cierta esperanza hasta que fueran rescatados.  Los gritos que suplicaban ayuda llenaron el aire de la noche durante cincuenta minutos aterradores.  Eva Hart dijo: El sonido de las personas ahogándose es algo que yo no le podría describir, ni tampoco creo que alguien pueda.  Es el sonido más aterrador, el cual es seguido por un silencio igual de espantoso.   El coronel Archibald Gracie, que sobrevivió a la tragedia lo llamó: la escena más patética y horrible de todas.  Los lastimosos gemidos de aquellos que estaban a nuestro alrededor todavía resuenan en mis oídos y he de recordarlos hasta el día de mi muerte.

Durante aquellos cincuenta minutos, un hombre que estaba asido a una tabla fue arrastrado cerca de donde estaba John Harper.  Harper, quien estaba luchando en el agua le preguntó: ¿Es usted salvo?.  La respuesta fue: No.  Harper le recitó las palabras de la Biblia: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.  Antes de que el hombre le respondiera la corriente lo arrastró hacia la oscuridad.

Más tarde, la corriente hizo que quedaran frente a frente una vez más.  Entonces Harper, ya agonizando, volvió a preguntarle: ¿Es usted salvo?.  Nuevamente escuchó la respuesta: No.  Harper repitió las palabras de Hechos 16:31:  Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.  Luego de eso, Harper se hundió en las congeladas aguas y así se deslizó hacia su sepulcro acuático.  El hombre que Harper quería ganar puso finalmente su fe en Cristo Jesús.  Más tarde fue rescatado por los botes salvavidas del Carpathia.  En Hamilton, Ontario, este sobreviviente testificó que él fue el último convertido de John Harper.

Este último convertido de Harper fue ganado por sus últimas palabras: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.

Hubieron muchos héroes en el Titanic, pero John Harper fue el último en ayudar a otros mientras el mismo se ahogaba.